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viernes, 15 de diciembre de 2017

qef





de todas formas | todavía de grande
me sigue doliendo la parte de adentro de la tira umbilical
y la partera se quedó sin saber
qué hacer conmigo



de “que da calambre”, Quemar el fuego©, 2017.




[todavía queda fuego por acá: los últimos del año / pueden pedirme o encargarme por INBOX – ver BIO]



jueves, 14 de diciembre de 2017

y tal vez la búsqueda pueda / y tal vez la caída / no sé





la obturación

más tarde volverá
                 a escribir
lo que arriba tacha

dejará de pelear

quizá olvide lo tachado
pero no aquel movimiento
donde la memoria
              empuja ciega

sobre el silencio de lo borrado
se reanuda
hojas retoñan
              en el tallo del rosal
la poda dejó cortes al sesgo

la luz del jardín amplifica
                       no selecciona
                       no descarta


de Anónima, 1992.



fragmentos

la belleza es un eslabón
perdido
el mar es ajeno y da vueltas

el llanto puede
componer esa distancia
y tal vez la búsqueda pueda
y tal vez la caída
                             no sé

el mar es también la presencia
de unos brazos que se acercan
para abrazar
                         suele ser
el eslabón perdido

pero cómo afirmarlo ahora
que la calma es un pantano
la lógica
una torpe certidumbre
y las palabras
cansan


de El mundo encima, 1982.



el borde

Borde, límite doméstico
medianera al fondo de la casa
que separa
                    el jardín del baldío
como una compuerta que cede
espacios, respiración
Un zorzal
escondido en el ramaje
vestigio y suntuosidad urbana;
agua
escuchada sólo en la sed
                    en el opacamiento
de las hojas entradas a un orden
de despedidas. Río
que mana imaginario
y elemental
                    desmiente cauces
humedece la espalda
la devuelve
                   al límite sin domesticar
a la desmesura
                   del agua desoída. Interior
que sobreexpone el paisaje
a una riesgosa filtración

Borde irregularizado
                   en el arrastre orgánico,
plancton
si topografía deseante
el borde es un río



de El borde es un río, 1997.




Alicia Genovese (Lomas de Zamora, 1953). Comenzó a publicar a fines de los años `70. Obtuvo el título de Master of Arts y se doctoró en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Florida (USA). Trabajó como docente y periodista. Actualmente, se desempeña como académica en la Universidad Nacional de las Artes, coordina talleres de escritura y supervisa proyectos especializados en poesía. Becas obtenidas: Fondo Nacional de las Artes (1999) / Guggenheim (2002). Es autora de El cielo posible (1977), El mundo encima (1982), Anónima (1992), El borde es un río (1997), Puentes (2000), La ville des ponts (2001), Química Diurna (2004), La doble voz (ensayo, 1998) y Leer Poesía: lo leve, lo grave y lo opaco (2011).





sábado, 9 de diciembre de 2017

dan ganas, sí





a partir de la próxima línea voy a decir la verdad;
toda la euforia
-         la selva neurótica donde se suelen prensar los desórdenes esenciales más recurrentes -
va a salir completa por el agujero inalterable de una cerradura
 / de una puerta de una casa de un pueblo de un país de un mundo /
que ya nada va a tener que ver conmigo misma
con lo bestial de ese instante de fuga
cínico por cientos de miles de siglos malinterpretado  
cínico encerrado en frascos de vinagre sin una fecha prorrogativa decente

(cínico) 





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jueves, 7 de diciembre de 2017

ella






De madrugada
(ella se tocó las manos)
De madrugada, apenas.
Ella recuerda que nada importa
aunque su sombra siga corriendo
alrededor de la noche.
Algo se detuvo en algún momento,
algo marchaba débilmente
y se detuvo en algún momento.
Ella tembló como un sonido
congelado entre los labios de un muerto.
Ella se deshizo como un recuerdo
convocado hasta la saciedad.
Ella se inclinó sobre su respiración
y comprendió que aún vivía.
Se tocó la libertad
y la dejó escurrirse como una pequeña noche.
Se anudó la angustia alrededor del cuello
y recordó su color extraviado.
Ella mordió a ciegas en la oscuridad
y escuchó gritar al silencio.
Y aprendió a reírse
del olor a tiempo que despedía su sangre.
De noche
(ella se cortó las manos).
De noche, apenas.
Ella recoge su pequeño crepúsculo.
Ella sueña en la erección de la rosa.



Susana Thénon. De Habitante de la nada, 1959.




martes, 5 de diciembre de 2017

incendiar desde tu nombre





elegía

no oigo tu grito
ni sé dónde quedó tu zarza de fuegos bondadosos
aferrados a mi respiración
ignoro tu muerte en cuclillas
y tus manos torpes al costado mismo del remordimiento

me voy hacia pedacitos de cielo
donde el hambre me sea leve
ya que no vuelves
ni tercer día ni tumba vacía
aunque me pinte la boca de verdades azules
aunque descienda en mis barcas amarillas
aunque recoja las redes llenas de hormigas besadoras
aunque te llame y llame
para darte mis flancos de buitre
mis praderas de amapola
mis ojos de estopa
que ya nunca
jamás
podrás incendiar desde tu nombre



de resplandor de los días inusados, 1993




selfportrait


fin y cabo de mi propia historia
tanto desvestir mis santos
mi infancia demorada (...)
tanto elegir            tanta catástrofe
esta prisa
para quemar las naves bajo el puente
y esperar que una lluvia lave
la sucia perra soledad de lo que acaso
importe sólo a medias

lavanderas y marquesas           bestias ciegas
sin otra carga que sus costras
eso
son mis palabras
fatigadas de hábitos y monjes

no quedar en ojos que saben que nos vamos

vestirme de nerón para fotografías
morir en flash es vivir siempre



de peso muerto / dead weight, 2008.




5

nadie más tiene la culpa de este oficio en la impaciencia
quiero el lugar                la esencia exacta
para atreverme
de una vez por todas


de a imagen y semejanza, 1980.




astilla


el río sigue pasando por el ojo miope de mi memoria
aguas de hielo y apenas un relincho                         estoy allí
somos felices                     a pesar de las grietas en la galería
y la tormenta que Wagner encargará para matarnos
vemos el horizonte                      la línea ardida de los cerros
cómo avanza la noche (...)
odio la monotonía de las cigarras                    el chicharral
me clava su astilla                 temo perder lo que me asiste
desnudo me levanto             ciego            bajo las cortinas



de baus o la lenta agonía de las especies migratorias, 2014.




Jorge Paolantonio (Catamarca, 1947). Escritor, dramaturgo, crítico teatral. Profesor, licenciado y traductor por la Universidad Nacional de Córdoba, y doctorado en Lenguas Modernas por la Universidad del Salvador.
Ha representado a su provincia natal en más de veinte ocasiones en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, y en eventos nacionales e internacionales similares, tales como: American Literature Association (San Francisco, USA, 2008), Festival della Letteratura di Milano (2013) y Festival International de la poésie Trois-Rivières (Canadá, 2016), entre otros. Becas obtenidas: Fondo Nacional de las Artes (Argentina), Council for the arts (Reino Unido), ISA (Holanda).
Entre las distinciones más destacadas que ha recibido se encuentran el Premio Nacional de Poesía (NOA, 1993), Faja de Honor SADE en poesía y dramaturgia (1994), Premio “Garzón Céspedes” (dramaturgia, España, 2010), Premio Esteban Echeverría (2011), Premio SoleLuna (narrativa, 2013), Premio Luis de Tejeda (novela, 2015), Premio Luis Leopoldo Franco (2016). En 2015, el Senado Nacional le otorgó su máxima distinción, el de Senador Sarmiento.
Algunas de sus obras publicadas: Clave para abrir las pajareras (poesía, 1973); Extraña manera de asomarse (poesía, 1989); Lengua devorada (poesía, 1994); Rosas de sal (teatro, 1993); Ceniza de orquídeas (narrativa, 2003); Algo en el aire (narrativa, 2004); La Fiamma (narrativa, 2008); Aguasanta (novela, 2016).




jueves, 30 de noviembre de 2017

voy a decir mi cuerpo





vengo del no aire / del no vacío eterno
voy a decir mi cuerpo / voy a decir mi larva minúscula en el cosmos
bajo el ombligo amargo de la tierra me esperan con mi libro de tristes preguntas y de besos
de oscuridad me parto en granada y en rosa  / de ciénaga me salvo con un rayo de luna
vengo contando huérfanos descalzos que atesoro desde un hambre afilado que todos compartimos
traigo los colmenares que doró el horizonte / los pájaros del alba que perforan el viento
en túneles de fresnos se extravían mis pasos / resbalo por andenes de lumbre derretida
¡oh, qué olvido! (…) me lleva por su nada
con mi esqueleto ardiente doblado sobre un páramo



María Meleck Vivanco. “La desterrada” (frg), en Plaza Prohibida, 1975.




viernes, 24 de noviembre de 2017

el camino de lo insoportable




Arrancando a trabajar en Liberoamérica.com: Fragmentos de una nota que me hicieran para un proyecto editorial hace ya dos años, y un poema inédito de mi autoría.


(Volveré pronto con lujos de verdad | Click en la imagen)