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me parece que vivo / que estoy entre los ruidos (...)

#Oliverio Girondo

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*Las obras aquí compartidas precedidas por el símbolo corresponden a la propiedad intelectual de la autora y se encuentran protegidas bajo las disposiciones vigentes de Derecho de Autor y Copyright*

domingo, 22 de mayo de 2016

★el hombre light



Se fue acostumbrando a la necrofagia sonora de las cosas.
No supuso nunca (ni dejó entrever un ver venir)
la fotomulta cosmopolita
que el papagayo encorvado del lado menos inmundo del mostrador
le hacía pagar con patacones vencidos todos los martes hábiles.

¿Y la buena educación de los naranjos que en vez de venir en flor
vienen en cajas de media docena?
No te sabría decir.
Pero el capó del Lamborghini que tiene estacionado en la entrada
y que le sostiene el cañón de treinta y seis por las astas
haría morir de envidia al primer soldadito de plomo que se le cruzara en el camino.

Es un veleta.
Por la primera mitad del mentón partido se le va cayendo la perorata hedonista (como gente al baile).
Para no ser menos,
cuando el caño de escape lo deja sin hilacha para mostrar
y el buzón de esperma que usa de apoya vasos se le propaga en redondel,
va de esquina a esquina predicando sonambulismo voluntario,
sólo para burlar a los que quieren verle las rodillas en pochoclo crudo.

¿Y quién va a subsidiar el Corega Tabs del caballo regalado?
No te sabría decir.
Pero es evidente que Manet y Monet son el mismo tipo con distinto padre.

Sin embargo,
(y muy a pesar nuestro)
hay cosas que no le.
Alguna que otra vez lo delata un giro bípedo
y se pone a decapitar espantapájaros o a arrastrar los pies
para no hacer ruidos ni malos alientos al bostezar.

De momento, no tiene banda ancha en casa;
estudia pornografía a distancia
y sigue siendo propenso a la anormalidad granhermanista y alérgico al PBI per cápita.

¿Y el limón sin exprimir que quedaba en la heladera?
No te sabría decir. Recién tiré.

Andan diciendo por ahí que la vanidad y esto que se parece un poco a extraviarse
son inmortales.
Era de esperar entonces que alguien se pusiera a especular sin miramientos
algún parentesco más o menos lógico entre los dígitos.
De ahí que cinco y once sean primos.

¿Y la dignidad equina de los cuatro pura sangre del Apocalipsis?
No te sabría decir.
Pero nunca hay incesto
que por mal no venga.



El hombre light (fragmento), 2012.



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