contacto: almadanogueron@hotmail.com

me parece que vivo / que estoy entre los ruidos (...)

#Oliverio Girondo

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*Las obras aquí compartidas precedidas por el símbolo corresponden a la propiedad intelectual de la autora y se encuentran protegidas bajo las disposiciones vigentes de Derecho de Autor y Copyright*

viernes, 16 de junio de 2017

★cuello bote





todavía estoy encarnada a una canción de grillos
y no sé cuándo fue la última vez que me miré los pliegues
ni la primera que le conté los años a las cutículas

tengo los sueños y las espinas dorsales en ú
las camisetas de esmalte permanente transpiradas y huecas

a los nudillos les estuvo faltando calcio
guantes de lana
a las muñecas se les partió el jabón blanco
se aturdieron
a la lectura de dedos meñiques se le oxidaron los horóscopos
se le esculpieron las cajas chinas
se le venció la quiromancia
se le estiraron los sweaters y los plazos fijos

todavía estoy encarnada a una canción de grillos
la onicofagia y la imaginación

se me han hecho costumbre



De Quemar el fuego ©, 2017.



martes, 13 de junio de 2017

sábado, 10 de junio de 2017

MY





No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.

Marguerite Yourcenar
(Fuegos, 1936)




jueves, 8 de junio de 2017

ardimos nomás!





Quemar el fuego: descubrí (otra vez) que algunas cosas son muy difíciles de explicar con palabras;
ejemplo: todo lo que pasó ayer a la tarde!

¿tres palabras?: emoción (mucha) – felicidad (de la que se comparte) – GRACIAS (a lxs que acompañaron con la presencia, a lxs que escribieron para mandar buena vibra, a lxs que estuvieron con el pensamiento, el corazón y el espíritu (que capaz que sí existe) 












lunes, 29 de mayo de 2017

cosas que pasaron este fin de semana:







lectura de poesía en Teatro Auditorium




presentación de Urbano, de Raúl Rodrigo Alonso





más lectura de poesía en FM 91.7 (KLA)






jueves, 25 de mayo de 2017

cuadernos de infancia / TOC de infancia (los tuve / los tengo)





Cierta vez se me ocurrió hacer una lista de mis manías para contemplarlas fríamente y tratar de librarme de alguna. Aunque reconocí que las más tenaces se arraigaban en mis primeros años, me propuse combatir las más recientes. Ese estudio prematuro no me aportó ningún descanso, sin embargo, y durante mucho tiempo seguí envidiando a mis hermanas, quienes, al acostarse, no perdían ni un minuto, mientras que yo me pasaba las horas enteras en idas y venidas que no me aportaban ninguna utilidad ni alivio (…).
Antes de acostarnos debíamos poner los juguetes en su sitio. A mí no me bastaba agrupar las muñecas, procurarles la ternura suficiente del contacto de sus brazos. Cuidaba, además, sus posturas. A veces era necesario que me levantase de noche para ir, a escondidas, al cuarto de los juguetes y cerciorarme de que ninguna mantenía un brazo en alto, la cabeza agachada o dada vuelta hacia atrás. No hubiera podido dormir pensando en que se pasaría toda la noche con una pierna encogida, sentada de costado, en una posición incómoda. Esta costumbre me siguió mucho tiempo. Más tarde, al visitar alguna casa donde hubiera criaturas, permanecía hasta que se hallaran acostadas para aproximarme a las muñecas, disimuladamente, y con un gesto distraído bajar un brazo, enderezar una pierna.
Nunca pude, tampoco, beber sólo un trago de agua o de cualquier otra bebida. Era imprescindible que fueran dos, cuatro, seis. (…) Por mucha sed que tuviera, a medida que bebía contaba los sorbos para detenerme siempre en un número par, y durante mucho tiempo, todas las noches, antes de acostarme, bebía cuatro traguitos de agua.



Norah Lange. Cuadernos de infancia (frg.), 1937.