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miércoles, 23 de abril de 2014

★Yo había tenido una vez un libro que hablaba






Yo había tenido una vez un libro que hablaba de las cosas como si fueran ciertas (como si fueran a escaparse). Lo había comprado en un mercado de pulgas y le había apretado los bordes de las páginas con un ganchito. Con la funda reciclada de una almohada le había decorado el lomo y los preliminares, con solapas de cuero y todo.
Yo había tenido una vez un libro así, de bolsillos en las manos. Nunca le alcanzaba para las notas en los márgenes. Dormía en un pedazo de árbol muerto que solíamos usar de biblioteca. Era sonámbulo. Se me quedaba cuchicheando un rato largo los devaneos de  la contratapa cada vez que se me daba por revisarle los índices. Si le acariciaba un poco el relieve de los títulos, ronroneaba. Sabía silbar en alemán los números romanos de todos los capítulos. Quería arrancarlos, decía. Prefería la anemia galopante de la sangría antes que el blanco desperdiciado de la mitad de la hoja.

Yo había tenido una vez un libro así, un libro que hablaba. Pero los libros no hablan, me dijeron. Y me quedé toda una noche entera mofándole crueldades al manojo de borradores que tenía sobre la mesa, insultándole la unión de cobre a los micrófonos aburguesados que le colgaban de los ombligos a la máquina de escribir.



foto: faena.com



domingo, 20 de abril de 2014

★si nO gira nO es bola



Ahora no sabe si esto lo ha leído o lo ha escrito él mismo o se lo han dictado. No sabe si éste es un instante vigente o es otra parte confusa del sueño, que ha dejado asándose en el vapor de la hielera. La incertidumbre lo fatiga pero se absuelve. De vez en cuando - se le ocurre - uno tiene disculpado autodestruirse, ejecutarse los desenlaces por las introducciones, como quien casca una docena de huevos por las yemas en lugar de por las cáscaras. Y hay algo de perturbación asistida, además, en eso de usarnos, cada tanto, de garantes de nuestras propias cegueras.
Ahora no sabe. Cree que puede aborrascarse otra vez de frases verbales o de apósitos; cree que puede arrinconarse, hacerse carne, que puede fingirse. Ahora no sabe si la lluvia ha lavado realmente todo lo que ha mojado, o si sólo le ha enredado un poco más los pelos del pubis a la roña coagulada que nos abraza los rostros. La incertidumbre lo aburre pero se absuelve. No anotó bien las preguntas, pero supone que todavía está a tiempo de maltratarle los signos de admiración a las respuestas.


Ahora no sabe. No sabe si poner a arder  el manojo de gritos que tiene almidonado en los placares, si amamantarlo, o si arrancarse las extremidades y taparse la cara con el espejo. Ahora no sabe si ha muerto o si es el párrafo mismo el que le arruga la mortaja. No sabe si es un alias o si ha nacido sin nombre. La incertidumbre aún le estorba pero sonríe: sabe que no hay nada más incómodo en el mundo de los vivos que asesinarse a seudónimos y morirse de palabras.




De entre los ruidos ©, 2015.


sábado, 19 de abril de 2014

Hasta siempre, maestro.




“El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en el que llegaba el Obispo.” *

Año 1997. Las primeras palabras que leía de este genio, y que me iban a cambiar la vida (las cosas, las palabras, el mundo entero) monumentalmente.



Gracias por tanto.






* en Crónica de una muerte anunciada, 1981.


domingo, 6 de abril de 2014

★todos los nombres son propios









Lo que yo preferiría más que nada es decirlo en la mitad de las oraciones,
convertido en hombre-topo,
descalzo;                     
aprovechando los llenos de los vacíos
y las partes del todo
(siempre hay un todo por vaciar o por llenar).

Lo que yo preferiría es una buena ducha tibia de enciclopedias
sobre el grueso de la espalda.
Un banco   
donde apoyarle los sombreros a los sarcasmos que me vayan quedando afuera.

Lo que yo preferiría es que no me estén fotocopiando el habla
para repartírselo en las noches a los vendedores de frío que andan por los fuegos,
que me abracen las asperezas mientras me afeito los sustantivos
y que le den de comer en la boca a todas mis bibliotecas
si algún día enmudezco.

Lo que yo preferiría es que la furia con que me venga el texto a la boca
no nos termine derramando más verbos imperfectos en nuestra lista de pendientes.
Que inauguremos o que nos caigan los de inspección de una vez y nos clausuren.

Que como soy de cuerpo incompleto pero de lengua concurrida
lo que se tiene que decir,
preferiría ser yo el que lo diga / o lo calle / o lo olvide
preferiría ser yo el que le ponga las comillas a las citas y a los reveses irónicos
preferiría ser yo el que se quede con la primera palabra
ya que la última
va a terminar siendo siempre la que el punto venga a infectar de esfericidades,
de perversos contornos  
y de finales.

                 
De entre los ruidos©, 2015.
foto: pluma y tintero (@entremisversos)