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miércoles, 16 de diciembre de 2015

★un zapato en cada pie




Gracias infinitas al equipo editorial de Revista EY!, en especial a Romina Fabbri, quien me contactara para participar en la nota de tapa: “Lográ tu flow” (Diciembre / 2015 / #54). En ella, artistas de diferentes disciplinas expresamos nuestra opinión acerca del trabajo seminal del teórico Mihály Csikszentmihályi (USA, 1934), titulado “Fluir: La psicología de las experiencias óptimas” y en el cual el autor asegura que la felicidad (el estado anímico que se conoce como tal) es una condición vital que cada individuo debe preparar y motivar por medio de la creatividad y la concentración.

Por aquí les dejo el link donde pueden leer la nota completa (págs. 30 a 38).
click en la imagen :)
¡Que lo disfruten y buen miércoles!


Un zapato en cada pie

Existe un desorden, un caos íntimo, del que uno no puede – o en ocasiones no quiere – escaparse nunca. Somos animales de costumbre, resulta evidente, pero también lo somos de extremos, de hipérboles, melodramas y barroquismos.
                                     El fluir, procurar que algo dentro de nosotros “fluya”, tiene que ver con ese contrasentido que estamos permanentemente buscando, poseamos o no alguna habilidad o talento artísticos. La diferencia es que el artista (quien se declara como tal) utiliza esa búsqueda como médium para crear aquello que supone único, revelador e imprescindible para el hombre y su posteridad.
                                        Y mientras ese fluir tiene lugar, no es la existencia o la identidad del artista la que queda “suspendida” sino más bien su realidad colectiva, es decir, aquello que lo identifica como ser social y genérico, para dar paso a una realidad más exclusiva, más sensible y perceptiva. Y es esa realidad, ese “sub-nivel” privativo del creador, el que se corresponde con el desorden armónico – a mi entender vital – que todos llevamos a cuestas.
                                        En lo que a mi experiencia respecta, la escritura (el poema) es usualmente el camino de lo insoportable, con algunos intentos de desvíos más o menos transitables. En cualquier caso, hay que tener siempre a mano otro par de zapatos, unos que se aguanten bien las piedras. Todo lo que pasa en y por nuestras vidas tiene algo de poético, aunque apenas podamos reparar en ello. La poesía lo barre todo y escribir (el acto de escribir, entendido como ese trance ceremonial -místico al que el escritor se somete) siempre es, infaliblemente, desordenarse un poco, evocar lo confuso, revolverse. Algo así como pretender salvar el agua del mundo con fuego y desenredar el laberinto con más Minotauros. Y esa es, creo, la paradoja misma de todo proceso creativo.
                                      Hacer tal o cual texto, tal o cual obra de arte, supone encontrarle a la vida ese superávit que nos haga más ricos en monstruosidad por dentro y más pobres en mediocridad por fuera.









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