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jueves, 31 de octubre de 2013

★Premiación LAIA




Con la presencia de destacadas personalidades artísticas y culturales, se entregaron en el día de ayer en Jackson Heigths, New York, los galardones del Certamen de Literatura Internacional LAIA (Latin American Intercultural Alliance), en el cual he sido condecorada con el Primer Premio.  A razón de que viajar hasta allí se me ha hecho imposible, la Alianza ha reproducido este video durante la Gala de Premiación. Lo comparto con Ustedes, comentándoles también que, en la pestaña “información”, del mismo Youtube, podrán leer el poema ganador. Agradecida con ellos y con Ustedes infinitamente.




                             

domingo, 27 de octubre de 2013

★enehachetres



de alguna u otra manera
todas las respuestas que lleguen a dar las omisiones
se pueden traducir /
se pueden apilar hacia los estes y los oestes
tal como las esperanzas perdidas
y las telas de araña

en definitiva
-en el muy definitivo de los casos-
sigue siendo cosa de todos los días
la limpieza doméstica de nuestras viejas costumbres,
el aliento a amoníaco que sueltan los huecos de nuestros pensamientos,
pisarle la cara a la baldosa,
y salir corriendo por las gargantas tapizadas de nuestros nombres
de nuestras incontinencias.



De entre los ruidos©, 2015.


domingo, 20 de octubre de 2013

★modelo para amontonar



a mi madre


A la mañana siguiente me invitó a madrugarnos muy tarde.
Me pareció que se arrugaba los años para darnos un efecto /
para igualarnos.
Y mientras la furia del bordó de la cerámica se calentaba las sombras de las pisadas
éramos una niña y una mujer
(acaso dos niñas o dos mujeres)
aletargadas sobre la hazaña extraordinaria del vernos
(acaso por primera vez / acaso por última)

Más tarde nos besamos los espejos / los empeines de las puntas de las manos
y lloramos unas risas irónicas / a veces místicas / acústicas
(acaso era nuestra forma de acostumbrarnos,
de completarnos esa falta de otra
que nos callaba los ojos y nos mordisqueaba las memorias)

y aunque la primera hora de la mañana todavía no reclamaba el levantarse
prefirió no acercárseme:
acaso por no resbalarse / por no marcarnos en las infancias otra arruga que excusar

atravesamos un campo impreciso de palabras / de cosas /
de muñecas encerradas en canastas blancas /
en vestidos de raso anaranjados

-Qué grande estás.- dijo simplemente. Y se reventó la ausencia contra mi cuerpo
contra el espesor y la anchura de nuestras biografías
contra el bordó lustrado
contra el infierno más alto de mis bitácoras








sábado, 12 de octubre de 2013

★exilio en tres re (parte 2)



(Fragmento de la obra seleccionada por el Colectivo Literario Puertorriqueño Ó)


II – rescoldo

Hacía tiempo que, de este lado, yo la esperaba en la estación.
De este lado, la Penélope tragicómica, desadmitida del sistema por exceso de espesor poético, seguía tejiendo y destejiendo versitos becquerianos de verano inacabado, sangrados de la herida misma que dicen siempre que se está por cerrar, achicharrados con la brasa misma que dicen siempre que se está por apagar.

De este lado aguardaba yo, con el pasaporte sellado y firmado ya en el margen derecho, con el boleto de avión cortado ya por el troquelado hipócrita de lo distinto, con el champagne afrutado que andaba sirviendo la azafata a todas horas.
Tenía también, hacía tiempo, el camarote listo, la llave de la habitación a estrenar del hotel cinco estrellas (con pensión completa y todas las excursiones incluidas), la postal nocturna con la Eiffel atrás, el desayuno en la cama, el servicio al cuarto, y el equipaje ya vacío, ya cargado en la cabinita de primera clase esperando el próximo destino, ya manoseado por el aparatito ruidoso de la aduana, y ya desaparecido misteriosamente en el aeropuerto, porque total no iba a hacer falta para morder las curvas prohibidas de la cadera vecina.


De este lado estaba yo, la Robinson Crusoe de su dormir aletargado sobre el pecho peludo de quien llevare tal vez- como todo mérito- el seudónimo de pila del supuesto autor de la obra.



sábado, 5 de octubre de 2013

★exilio en tres re (parte 1)




(Fragmento de la obra seleccionada por el Colectivo Literario Puertorriqueño Ó)  



I – rescisión

Hacía tiempo que los cajoncitos de pino barnizado de los calzones y las medias tres cuarto la habían cansado.

Buscaba otra cosa- se daba cuenta- y no era en el estante de zapatitos Sarkany donde la iba a encontrar.

Se había fijado también que la manija brillosa de la corrediza había dejado de brillar, y no le daban ya ganas de pasarle lustra muebles, ni de quedarse mirando un rato- mientras lustraba- los pósters de los muchachos bien dotados que ella misma había pegado con cinta scotch en la madera ploteada.

Empezaba a pensarse del otro lado.
Empezaba a tirar de la hilacha del encantamiento, y a buscar en las guías turísticas la receta para el antídoto.

Empezaba a verse lejos de las perchas de plástico sintético, que se le clavaban en las costillas cada vez que se compraba algún saquito de moda nuevo, alguna camisita con bordados en rosa fuerte, algún pantaloncito ajustado de etiqueta yanqui.

Odiaba, además, el primer piso.
No entendía cómo resultaba posible ese amontonarse cínico de tantos bártulos inservibles, esa supervivencia amotinada toda junta en un hueco oscurecido, ese empujarse con violencia de tanta cosa suelta.
La ropa vieja, el paraguas roto, el patín oxidado, la toalla robada del hotelucho de mala muerte con nombre de dios griego, el trajecito de estampado retro, la alfombra hedionda y mal enrollada, el juguete de la infancia olvidada, las fotos nunca mostradas de los quince, la pieza perdida del instrumento musical jamás armado, la envoltura del primer chocolate, la plancha en desuso, la radio a medio sintonizar.

Todo era un solo de la multitud que se agolpaba en el conventillo superior.

Los sweaters de la tercera tabla eran los únicos que le resultaban medianamente simpáticos.
Los tenía siempre a mano para disimular el frío que le causaba la mentira mediocre del noviazgo acartonado con el chico de buen pasar, ese que venía todos los jueves a cenar a casa, ese que le tocaba la pierna por abajo de la mesa, ese que a mamá le caía tan bien.

Casi siempre después del amor fingido se le daba por inventar libertades.
Las apretaba contra la sábana recién mojada y las dejaba desparramarse por adentro, lejos de las carteras acharoladas de industria nacional, lejos de las cajitas lila llenas de cosméticos charlatanes y de hebillitas para el pelo.

Se pensaba del otro lado.

Soñaba sueños borrachos de orgullo multifruta, expediciones salpicadas de esas cosquillas sedientas que da el besar los labios de otra, señales de tránsito derretidas por el roce húmedo de las comisuras semiabiertas, caras arrugadas de tanto placer safista y de tanta risa en conserva recién sacada de la lata.
Soñaba, una vez, sueños plurales.

Eso fue cuando empezaba a pensarse fuera.


Eso fue cuando empezaba a pensar en ese hacer rápido las maletas, en ese escaparse lento por el agujero de la cerradura, en ese desertar de la rutina circense y cruzar la vereda para pararse erguida – y siempre hermosa - sobre la pista de aterrizaje.