contacto: vanealmada@gmail.com | FB: Vanesa Almada Noguerón

*Las obras aquí compartidas precedidas por el símbolo corresponden a la propiedad intelectual de la autora y se encuentran protegidas bajo las disposiciones vigentes de Derecho de Autor y Copyright*

jueves, 18 de abril de 2013

★divina comedia



a Juan
(Juan Castro. Periodista argentino. 1971-2004)



Dando vueltas por otro infierno frígido te tropecé.
Ibas juntando vicios,
como un Dante que se imprime en las caderas los círculos
para enumerar las órbitas que tienen los caprichos.

La urgencia de nacer te- los dos sabíamos- te había venido repetida
y te rasgaste en mitades;
fuiste un prójimo duplicado que compartió las aguas previas
y las tripas externas
de la concepción.

Pero ya andabas solo.
La malas compañías no habían querido irrumpirte.
No habían querido seguirte, ni llorarte.

Y existías así tan último
tan ajustado al orbe, tan kaos.
Ni la corbata ni la camisa te podían tocar el pecho
porque el vaivén de la censura,
así como el Zoo rústico y el mal dormir,
te habían envuelto en llamas,
y los hedores urbanos que hacían supurar los aires,
se habían girado el olfato
para atufarse ahora eran mares sumisos, confitados, y con sabor a fresias.

Con sólo vernos,
-en ese instante todo, donde el fuego nos iba masticando el fondo,-
entendimos que a nuestros cuerpos
les iba a faltar siempre ese rock de radio,
les iba a escasear el hambre de calma,
y de sexo opuesto,
les iba a insultar la gula teórica, el cinismo legítimo,
los micrófonos mudos
y las páginas en blanco.

Y entonces me dije
que si alguna vez volvías del fuego
ibas a ser uno, ibas a ser brasa tántrica,
la burla clandestina de los estatutos y los otros sapiens.
Y que, si alguna vez volteabas,
ibas a ver los espejos,
y  nos ibas a descubrir de nuevo rotos,
harapientos,

unidos y dominados.

De entre los ruidos©, 2015.


1 comentario:

  1. Hace cosa de meses, Juan se me presentó en sueños y me pidió que le escribiera. Extraño es, puesto que nunca nos conocimos, ni compartimos lugares comunes. Confieso que tampoco miraba sus programas televisivos, ni era oyente de su radio. Conozco de él lo que la prensa se ha encargado de hacer público. Pero aquí está lo que de algún modo me solicitó. Lo onírico, supongo, a veces no puede explicarse. Que en paz estés, Juan, y espero haberlo hecho bien.

    ResponderEliminar