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viernes, 22 de marzo de 2013

★Pulso



Siempre termino en ese irme, en ese desplazarme por otros diálogos, por otros rostros suplentes. Camino en manos descalzas por dientes de cobra hambrienta; muerdo con ellos lo breve y los tajos abiertos de lo insuperable. Pero acostumbro engañar cómodamente a la ponzoña, y me prolongo en carne viva, en ósmosis absurda, en sístole y en diástole.

Siempre me encadeno la poesía en el reborde de la cama. Le retuerzo las partes íntimas, le volteo las voces, le prendo fuego las puntas - para que se haga de una vez cosa y deje de gemirme tanto- y le doy todo lo que tengo, todo lo que miento, todo lo que juzgo. Y siempre estoy en ese andarme, en ese huir y aparecerme. Siempre me salgo y me invento. Me voy por otros miedos. Soy poesía. Soy sístole y diástole.



domingo, 3 de marzo de 2013

★dorso




En el no sé dónde no hay cuida-coches recién recibidos,
los granos de lechuga se plantan en hebras
y las aguas vivas
tienen Singers a pedal del siglo pasado
apolilladas en el sótano
para marroquineriarse los tentáculos
y morir jóvenes y secas.

A los pueblerinos
la letra manuscrita no se les entiende y,
a juzgar por las tazas,
llevan tiempo sin leerse las borras.

Las Biblias y los zodíacos están prohibidos
aunque,  en la más dura de las tapas blandas,
los arrebatos de Cannabis Sativa,
así como las manchas de impresora y las peleas de medianera,
suelen estar pluralmente  aplaudidos
y ser voluntarios
y obligatorios.




viernes, 1 de marzo de 2013

★Escalera servida



I

De entre los vidrios rotos de un espejo de botiquín
se ahuecan a silbidos dos mentiras enfrascadas en agua hirviendo,
con los iris sordos de perfumes
y las lenguas tuertas de papilas dactilares.

Sediento sobre una mesa ratona está
el póker de ases
con las mangas del pensamiento por afuera del saco
y cuatro entradas con descuento para el Italpark en el bolsillo.

A las mentiras no tardan en ponérseles difícil los cien metros llanos
(como la mandioca no puede ocultarle a nadie que es harina de otro costal).

II

En la batahola esternónica
de Mecas virtuales e infinitos caóticos,
las esperan de piernas abiertas
la chusma letrada
y el picaporte engrasado de una puerta sin pasador,
que juega a la escoba de quince con la mirilla irritable, el muerto en el ropero y los naipes marcados.



III

Entretanto,
el último títere con cabeza se da de baja del blog de solos y solas
y la ciudad,
con los semáforos al rojo vivo,
retrocede subversiva otros dos casilleros,
no sin quedarse lacerando un rato con el rabillo del ojo
a la existencia tosca, entrada en canas,
que le perturba el sueño y la penetra por las cuatro bocas.

La muchachada intelectual dejó de acostarse con las palabras
por miedo al qué callarán y a la sífilis editorial.
Sin embargo, no se priva de  peinarlas en la cama,
para que a los amantes
-de cuando en cuando prosistas inmunes-
se les pueda sacar por lo menos un pelo de tontos.

IV

Y aunque hubo, sí,
entre tanta cháchara dadá,
algún manojo de liristas que quisieron vale cuatro
y cayeron en la cuenta
de lo sobreactuado que se estaba poniendo lo del satélite menguante-creciente,
lo malversaron lo mismo,
y el queso parmesano para rallar tuvo sus quince de infamia
en panegíricos monásticos, coplas cortesanas,
y en las telas pinturrajeadas de artistas plásticos con nombre de tortuga ninja.


V

Pero resultó ser cierto
eso de que el tiempo es demasiado ancho y no se deja llenar.
O en medio del suponer encristalado,
el sangrar por el mentón
y el soplar sin hacer botella,
hay  un tubo dentífrico apretado desde abajo
y un par de mentiras que nos siguen chiflando bajito
ciego de oídos y ronco de párpados
con el blanco de los ojos polarizado, la salamandra encendida
y la baraja incompleta.





★Aclimatar la cosa




Ya va siendo hora de que te pases los ojos por la piel
y de que cedas sin peros el lado de la ventanilla
a la señora gorda que arrastra las bolsas reventadas de frutas,
con las ciruelas negras rojas de tanto estar verdes.

Ya va llegando el día de que agarres viaje,
o corras la palangana de gotera,
antes de que el cigarro haga un agujero en el sillón,
antes de que las brasas le derritan los brazos.

Ya ha entrado en decurso el comprarle un buffer a la película muda
y dejar de envejecer el tiempo a relojes,
pidiendo pido a cada rato para aplastarle los dedos con la puerta
a la vejez aniñada que te explota los llantos.

Ya va terminando el auge del culebrón de costumbre,
a Santo de la bazofia entoldada de paso,
y de darle de comer en la boca a las artes,
que resulta que no eran tan bellas como todos creían.

Ya arranca la temporada estival de darte por enterado
de que para hacerte de una vez por todas de la máquina,
no va a quedar otra que usar los veinte para empeñar la chancha,
y renunciar para siempre a la placenta dental del embutido en cajita.

Ya va corriendo la aguja para fluorescer los hongos y alar las letras imprenta,
o carroñar los altos lotes,
antes de que la golondrina haga verano,
antes de que la horma se encuentre por fin con el abrojo de los cordones.

Ya va siendo tiempo de que tires para aflojar,
de que la chicha y la limonada,
de que hables mal y pronto.
Es gratis encarecer la baratija.
Date un poco cuenta.




★Otras prudencias inútiles




No sea cosa que nos quedemos descalzos de idiomas:

ensuciémonos las páginas de escándalos.


No sea cosa que los perros nos canten el póker desde la puerta del lienzo:

reivindiquémosle el día

al Rummy

al dominó asiático

y a la moral pisoteada del cuatro de copas.


No sea cosa que nos sigamos pisando los pies en los vals de bodas

que nos engruden la inocencia a cuentos

que nos caigamos en algún boquete del cielo

que las ansias de realeza

 y la roña íntima

nos garúen grueso,

confisquémosle la grasa a las bisagras

mordámonos las orillas,

los juncales secos

y los autorretratos.


Y pongámosles los puntos a las íes griegas.

No sea cosa que nos chamusquen Troya

y nos agarre la hoguera

sin rifa de los bomberos.


No  sea cosa que nos enferme la furia aturdida del estofado

un viernes santo

por más que el ayuno estricto del lunes

por más que el secuestro empecinado

de los billetes falsos

por más que los vértigos y las urgencias,

descosámonos las pajas de los ojos

tiñámonos los juicios de rubio suicida

jurémonos laureles

y alquilemos balcones.

No sea cosa.